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Madurez emocional en el adulto

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¿Por casualidad has visto alguna vez nacer a un potrillo o a un becerro? Si no lo has visto personalmente, tal vez lo has visto en algún programa del Discovery Channel. Usualmente toma lugar en un campo abierto o en un establo. La madre no va al hospital para que nazca su criatura en las manos de un doctor.  Ella no tiene camilla para dar a luz, nadie le ayuda y solo por procesos instintivos logra dar a luz. Casi inmediatamente, cuando nace la cría, con mucho trabajo se pone de pie. Sus pies se tambalean, pero logra continuar. Nadie le enseña cómo caminar y no tiene que esperar un año para aprender hacerlo. Solo pasa a minutos después de nacer. Nadie le enseña tampoco a dónde tiene que ir para comer o cómo sobrevivir. Todo ocurre por instinto. La madre solo observa cómo su pequeña cría encuentra su comida. 

 

Cuando nosotros nacimos todo fue muy diferente. ¡Cuánto me hubiera gustado salir corriendo apenas al nacer! ¡Cuánto hubiera deseado saber cómo defenderme yo mismo sin depender de mi madre! ¡Cuánto me hubiera gustado aprender a relacionarme con los demás sin la ayuda de mis padres! Nada de eso ocurrió de la forma en la que ocurre en la vida de muchos animales. Pero, los animales no tienen lo que nosotros tenemos, una mente.  Esa mente que nosotros tenemos contiene 100 billones de neuronas y la capacidad de almacenar información como ninguna otra computadora en el mundo. Pero, hay un problema, el uso futuro de la mente de un niño dependerá de su desarrollo. El infante necesita aprender a través de los años a cómo usar y desarrollar su mente. Y, a través de la influencia de los padres y la escuela, ese niño crecerá para usar de una forma poderosa el órgano más importante del ser humano. Cada vez que el niño memoriza algo, se forman nuevas neuronas. 

 

La mente controla al hombre en su totalidad. Todas nuestras acciones, buenas o malas, tienen su origen en la mente. Es la mente la que adora a Dios y nos vincula con los seres celestiales. . . Todos los órganos físicos son siervos de la mente, y los nervios son los mensajeros que transmiten sus órdenes a cada parte del cuerpo, para dirigir los movimientos de la maquinaria viviente. . . 

(Mente, Carácter y Personalidad, p. 409)

 

Una de las funciones primordiales de la mente es el manejo de las emociones. Las emociones son reacciones cognitivas, fisiológicas y sicológicas del ser humano ante las diferentes experiencias que tenemos en la vida. De la misma forma en la que la mente se desarrolla y crece, el ser humano debe aprender a manejar sus emociones para luego alcanzar la madurez emocional. El problema está en que la madurez emocional no siempre está en correspondencia con la edad cronológica del ser humano. La edad cronológica es la forma de medir el tiempo que ha vivido una persona. Yo tengo 52 años de edad, esa es mi edad cronológica. Mi edad cronológica y emocional pueden no estar al mismo nivel. Yo podría tener 52 años de edad, pero ser un niño emocionalmente, pues la edad cronológica y emocional no siempre van juntas. Y si con la edad que yo tengo no he crecido emocionalmente, entonces puedo ser un adulto emocionalmente enfermo. 

 

El adulto emocionalmente enfermo

 

Me gusta como Peter Scazzero desarrolla este concepto en su libro El Líder Emocionalmente Sano. Él pregunta, ¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando piensas en un adulto emocionalmente enfermo?

    • Déficit emocional y espiritual que causa un impacto en todos los aspectos de su vida. Esos déficits emocionales se manifiestan mayormente a través de una falta generalizada de sensibilidad. 
    • Los adultos enfermos se entregan a más actividades de las que sus reservas espirituales, físicas y emocionales combinadas son capaces de sostener. Dan para los demás más de lo que reciben.

 

Características del adulto emocionalmente enfermo

 

  • Tiene baja conciencia de sí mismo.
  • No hace caso de las emociones que le puede estar enviando el cuerpo.
  • No presta atención a su familia de origen.
  • Incapacidad de leer el mundo emocional de ellos y los demás.
  • Le da prioridad al trabajo, estudio, labores, etc., sobre el matrimonio o la soltería.
  • No tiene una visión de su matrimonio o soltería como el don más grande que tienen. 
  • Toma decisiones sin pensar en el impacto en su matrimonio o soltería. 
  • Se desborda de manera crónica a estar siempre ocupado en el servicio a Dios o a los demás y descuidan su relación con ellos. 
  • Vive sin límites.
  • Carece de ritmo entre su trabajo y su descanso.

El desarrollo emocional del adulto.

 

La madurez emocional no es algo que llega de forma automática con el transcurrir de los años; no es algo que se aprende en la escuela. Es algo que se aprende en la casa desde antes del primer año de vida. La dinámica emocional que tienes en tu vida es la misma dinámica emocional que ha corrido en tu familia por generaciones. Es muy probable que estés en el mismo nivel de madurez emocional que tuvieron tus padres. Probablemente, no pudiste crecer más allá de donde llegaron tus padres, porque ellos fueron los primeros modelos e instructores que tuviste para aprender a expresar tus emociones, a menos que hayas roto el patrón emocional que existió en tu familia. 

 

BEBÉS EMOCIONALES

 

A los adultos cuyo nivel de madurez emocional es muy bajo, se les denomina “bebés emocionales” y tienen las siguientes características

  • Buscan a otros para que los cuiden.
  • Tienen mucha dificultad para entrar al mundo de otros. 
  • Son conducidos por la necesidad de ser gratificados. 
  • Usan a otros como objetos para satisfacer sus necesidades. 

 

NIÑOS EMOCIONALES 

 

 

  • A los adultos cuyo nivel emocional es medio-bajo, se les denomina “niños emocionales” y se caracterizan porque:

 

  • Se muestran rápidamente ante las presiones, desilusiones, problemas.
  • Interpretan los desacuerdos como ofensas personales. Se sienten heridos con facilidad.
  • Se quejan, se retraen, manipulan, se vengan, son sarcásticos cuando no obtienen lo que quieren.
  • Tienen grandes dificultades para hablar en forma calmada, amable y madura de sus necesidades y las cosas que desean, de una manera.

 

ADOLESCENTES EMOCIONALES

 

También existen los adultos con un nivel de madurez emocional medio, denominados “adolescentes emocionales”, quienes se caracterizan porque:

  • Tienden a estar siempre a la defensiva.
  • Se sienten amenazados y alarmados por las críticas.
  • Llevan una puntuación de lo que dan para después pedir algo a cambio.
  • Lidian mal con los conflictos, generalmente culpan, apaciguan, van con una tercera persona, hacen mala cara o ignoran el tema por completo.
  • Se preocupan por ellos mismos solamente.
  • Tienen dificultad para escuchar verdaderamente el dolor, las desilusiones o necesidades de otras personas.
  • Son críticos y sentenciosos.

 

ADULTOS EMOCIONALES

 

Cuando las personas alcanzan un nivel alto de madurez emocional, se les denomina “adultos emocionales”, pues han alcanzado la plenitud de la madurez emocional. Se caracterizan porque:

  • Son capaces de pedir lo que necesitan, quieren o prefieren de manera clara, directa y honesta.
  • Reconocen, controlan y asumen responsabilidad de sus propios pensamientos y sentimientos.
  • Pueden, aun bajo presiones, afirmar sus propias creencias y valores sin ser adversos.
  • Respetan a otros sin tener que cambiarlos.
  • Dan a las personas un lugar para el error y reconocen que no son perfectas.
  • Aprecian a las personas tal cual son, las buenas y las malas, y no por lo que reciben a cambio.
  • Evalúan con precisión sus propios límites, fuerzas y debilidades y son capaces de discutir acerca de ellos con otros libremente.
  • Están satisfechos y felices mientras reciben lo que quieren.
  • Están sintonizados profundamente con el propio mundo emocional y pueden entrar en los sentimientos, necesidades y preocupaciones de otros sin perderse ellos mismos. 
  • Tienen la capacidad de resolver un conflicto con madurez y negociar soluciones que toman en cuenta a las perspectivas de otros. 

 

Hasta ahora les he demostrado que nuestra madurez emocional no está conectada con la edad cronológica que tengamos, pero sí debe estar conectada con nuestra madurez espiritual.

 

Por muchos años fui ignorante de esta realidad. Yo pensaba que mi madurez emocional no tenía que ver nada con mi madurez espiritual y que yo podía crecer espiritualmente sin tener en cuenta mis emociones. También pensaba que las emociones eran simplemente parte del cuerpo del ser humano y que no había nada que nosotros pudiésemos hacer para aprender a cómo expresarlas correctamente. 

 

Cuando comencé a desarrollarme como líder en la iglesia recuerdo que yo trataba de estar conectado con Dios, de tener intimidad con Él. Pero, a la hora de expresar mis emociones y relacionarme con los demás, tenía serios problemas. Yo esperaba que todo el mundo tuviera el mimo compromiso que yo tenia. Si las personas no cumplían con los compromisos que adquirían, tenían que escuchar mi amonestación. Yo los ponía en la lista negra y me desconectaba de ellos. Casi me sale una úlcera por vivir de esta manera. Hasta que Dios me mostró lo equivocado que yo había estado durante toda mi vida. No podemos andar por la vida siendo bebés o adolescentes emocionales que se molestan por todo lo que sucede a su alrededor o por las acciones que realizan los demás. Debemos crecer en nuestra madurez emocional, lo cual también nos llevará a alcanzar la madurez espiritual con la ayuda del Espíritu Santo. Si logramos alcanzar la madurez de un “adulto emocional”, podremos tener una vida plena y feliz, con relaciones interpersonales basadas en el respeto y consideración hacia los demás; una vida llena de empatía por los demás. 

 

Te invito a tomar la iniciativa de recorrer el camino hacia la madurez emocional y espiritual. Toma la decisión de mirar a los demás desde los ojos del amor, respeto, consideración y empatía. Pero, no olvides mirarte a ti mismo(a) también a través de esos ojos, pues muchas veces descuidamos nuestro propio mundo interno. Y pide al Espíritu Santo que te ayude a seguir creciendo emocional y espiritualmente. Escudriña la palabra de Dios, pues en ella encontrarás lecciones de vida que enriquecerán tu mundo interno.

 

¿Conoces alguna otra forma de avanzar en el camino hacia la madurez emocional? Compártela con nosotros en los comentarios y así podremos ayudar a otros a seguir creciendo emocional y espiritualmente 


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