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6 estrategias para hablar con los hijos sobre salud mental

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Estamos atravesando una seria crisis de salud mental en Estados Unidos. Los datos del CDC nos ayudan a entender la gravedad, y a percatarnos de que se habla de tanto adultos como niños. Por ejemplo, el 7,1% de los niños entre 3 y 17 años sufre de ansiedad diagnosticada, mientras que el 3,2% en el mismo rango de edad de depresión.

Es simple llegar a una conclusión sobre estas estadísticas; y esa es que como padres y madres debemos enfocarnos más en el bienestar emocional de nuestros hijos e hijas. Aun así, es complicado abordar esta temática por el miedo o ignorancia. Cuando la verdad es que no tiene nada de malo, o perjudicial tratar a las condiciones mentales como cualquier otro problema de salud.

Consejos para hablar sobre salud mental a tus hijos

Lo cierto es que para hablar con los hijos sobre salud mental, necesitas establecer una relación segura, estable y cariñosa con ellos; así se sentirán en confianza, bien recibidos e importantes para ti. Te aconsejo que comiences desde ya a trabajar en esto. ¿Cómo lo puedo hacer? Analiza estas estrategias para iniciar con esta labor.

Crea momentos propicios para charlar libremente con tus hijos/as

Como padre que soy sé que tengo que pasar tiempo recreativo con mis hijos, sin embargo ¿todo el tiempo que paso con ellos está ya ocupado? Ayudarles con sus tareas, salidas familiares, ir al parque, etc. Todas estas son formas en las que invierto tiempo con mi hijo, pero ese tiempo está destinado a algo específico, no es libre.

A lo que quiero llegar es que como padres y madres debemos crear tiempos “neutros” con ellos. Es decir, espacios en los que podamos tener conversaciones de lo que ellos quieran. Sin presiones o prisas. Son momentos en los que debemos explorar en su vida; y hacerles las preguntas adecuadas para determinar cómo está su mente y ánimo en ese instante. Trata de que las preguntas sean abiertas y cómodas.

Además, hazles sentir en confianza y no los vayas a regañar o reprender si deciden comentarte de situaciones que no sean las más agradables para ti. En este tiempo debes ser alguien empático, amigable y accesible.

Piénsalo así ¿si confieso cómo me siento y mi papá me reprende para qué se lo voy a decir? En cambio, si este me ayuda y da consuelo, una solución, él será mi resguardo, mi sitio seguro.

¿Eres el sitio seguro de tus hijos/as?

Valida sus sentimientos

Te prohibiré que hagas algo extremadamente dañino para tus hijos/as: minimizar su sufrimiento. Sé que los problemas de los niños desde la perspectiva de un adulto nos parecen pequeños, poco graves y hasta creemos que exageran. Pero asegurarle a tu hija que su pelea con su amiga “No fue tan grave”, no la hará sentir mejor, la hará sentir tonta, e invalidada. Sin darte cuenta estarás minimizando sus sentimientos.

Por el contrario, es mucho mejor hacerles saber que estás allí para escucharla con atención. Comentarios como “Eso suena terrible”, “Entiendo como te sientes”, o “Está bien sentirte triste”, la harán conectarse más a ti y serán buenos para su salud mental. Recuerda que, aunque en tu perspectiva no sea mal de morir, para ellos, sí es algo grande e importante. Respeta su sentir.

Confronta con sabiduría

Has logrado que tu pequeño te hable de sus problemas emocionales, y para tu sorpresa los estragos en su mente parecen ir más allá de lo que imaginabas. En lugar de alarmarte, tómalo con calma cuando hables con ellos. Alarmarte u horrorizarte solo conseguirá que este crea que está haciendo algo mal y que te está asustando. Nadie quiere causarles pesares a sus padres.

Actúa con dominio y con tranquilidad. Háblales con claridad sobre lo que está pasando, llama a las cosas por su nombre. No obstante, tampoco vayas a interrogarles con insistencia. Tienes que propiciar una conversación fluida en la que tus interrogantes no sean lo único que salga de tu boca.

Por ejemplo, si tu hijo te habla del desinterés que le provoca la vida, sus problemas de concentración o dificultades para dormir, puedes seguir comentándole de más síntomas asociados con la depresión. De sentirse identificado los comprobará. La depresión en los niños se está incrementando con voracidad; y lo peor es que algunos padres y madres se percatan de su presencia muy tarde.

Acepta que no es tu culpa

Algo que también veo se repite en mis consultas es esa creencia de que los padres son los responsables de que sus hijos tengan trastornos mentales. Los progenitores no salen de esta idea y se quedan congelados en este tiempo, en el que descubren el diagnostico. Es habitual que estos se culpen sin parar o se cuestionen qué hay de mal en ellos.

Asimismo, esta situación empeora cuando por ejemplo se trata con niños con problemas de salud mental o depresivos que tienden a expresar esta enfermedad en forma de ira. Comentarios como “te odio”,eres la peor madre/el peor padre”, no hacen más que agravar la situación en tu cabeza.

Pero tienes que sobreponerte a ello, entender que no es algo personal y ver la imagen más grande de lo que está ocurriendo. Incluso cuando estos tienen sus arrebatos hirientes, es sano que te des un tiempo lejos de estos para descansar.

Busca ayuda profesional

Tampoco está mal buscar ayuda profesional si así lo consideras. Piensa que, así como tus pulmones y corazón se enferman nuestro cerebro también lo hace, y por lo tanto los de nuestros hijos por igual.

Puedes acceder a estos recursos al charlar con su pediatra y pedir que lo deriven a un programa de salud mental. Esto es elemental cuando se presentan situaciones graves como las tendencias suicidas; y durante las crisis suicidas en fundamental que te dirijas a la sala de emergencias.

Ten presente que no todos los tratamientos para lidiar con problemas de salud mental son iguales. Pueden ser tratados en una combinación de asesoramiento, terapia, grupos de apoyo y, de ser necesaria, medicación.

Si te cuesta dar este paso también te recomiendo que busques consejos en figuras más cercanas a tu comunidad; como los consejeros escolares o pastores, en resumen, una figura de la comunidad en la que tengas confianza.

Ten siempre presente a Dios

Por último, quiero que confíes en que nuestro Señor está respaldando tus pasos y protegiendo a tu familia en este complicado desafío. Tendemos a olvidarnos de que su Gracia nos está amparando cuando todo parece oscuro, pero es solo una ilusión.

Fortalece los corazones de tu familia leyendo las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, y no olviden honrar su nombre.


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